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La erradicación de la pobreza requiere la participación ciudadana
Luisa Eugenia Morales
Iniciativa Social
La ausencia de una política de Estado que oriente los programas sociales y la falta de mecanismos de participación de la sociedad civil en los procesos de decisión acerca de las políticas públicas son los mayores obstáculos a la erradicación de la pobreza y el logro del desarrollo inclusivo y la equidad de género en Guatemala.
Guatemala será en
2015 el país más poblado de Centroamérica.
Cumplir la meta de reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre de sus
habitantes implica grandes desafíos. Por un lado, es necesario construir la paz
y la reconciliación nacional y asegurar el cumplimiento cabal de los Acuerdos de
Paz que en 1996 pusieron fin a 36 años de conflicto armado interno y que
constituyen una agenda válida para lograr avances hacia el desarrollo y la
democratización del país.
Otro reto es lograr
una mejora sustantiva de la calidad de vida de 11,2 millones de guatemaltecos.
Más de la mitad vive en la pobreza, y de estos, más de dos millones sobreviven
con menos de un dólar diario,
carentes de ingresos y recursos productivos suficientes para procurarse una vida
digna.
Más de la mitad de
la población (56%) es menor de 18 años,
pero solo 66% de los niños finaliza la escuela primaria.
Esta baja escolarización se refleja en la ausencia de una participación activa
de la ciudadanía en las decisiones sobre su presente y su futuro.
Exclusión social
Históricamente,
Guatemala se caracterizó por un modelo de exclusión económico-social basado
fundamentalmente en la concentración de la propiedad de la tierra cultivable y
en la explotación de la mano de obra campesina e indígena.
La concentración de
la tenencia de la tierra continúa sin variaciones. El 1,5% de los
establecimientos agropecuarios reúnen 62,5% de la tierra cultivable. En cuanto a
la distribución del ingreso nacional, el 20% más rico de la población recibe 63%
del ingreso, mientras el 20% más pobre únicamente tiene acceso a 2,1%.
Las desigualdades
existentes en el ámbito económico y social limitan seriamente las opciones y
oportunidades de la población rural, de las mujeres y de los pueblos indígenas
en particular. El 56% de la población vive en la pobreza, situación que se
agrava en el área rural, donde trepa a más del 80%.
Durante los últimos
años, en base a estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), la brecha existente entre las áreas urbana y rural se ha
agudizado y es notorio el aumento de la pobreza extrema en el área urbana, que
en 2000 afectaba a 2,8% de los habitantes y en 2002 a 4,9%. En el área rural
pasó de 23,8% en 2000 a 31% en 2002.
Los más
desfavorecidos
Dos tercios de los
niños y niñas del país son pobres y 48,7% padece desnutrición crónica (baja
talla para la edad), lo que acarrea inevitables secuelas.
La población
indígena constituye 43% del total. En su mayor parte, trabaja en el sector
agrícola y percibe salarios bajos, particularmente aquellas personas que no
hablan español.
Si bien autoridades
de los últimos dos gobiernos
han expresado la importancia del rol de la mujer en el desarrollo, no han
favorecido su participación en la sociedad, menos aún la de las mujeres pobres e
indígenas.
Un tercio de las
niñas indígenas no asiste a la escuela, aunque en los varones indígenas esta
proporción cae a 18%.
Las mujeres pobres
enfrentan riesgos de salud muy altos. El 14% del quintil más pobre da a luz con
asistencia de un médico o enfermera, el 71% tiene a sus hijos con comadronas y
el 15% restante no recibe ninguna asistencia, lo que aumenta los riesgos de
mortalidad de la madre y de los hijos.
En ese contexto, la
pobreza, la exclusión y la desigualdad social se convierten en características
que subyacen a la dinámica de desarrollo de la sociedad
y que limitan seriamente las opciones y oportunidades de la población en
general, y de la población rural, las mujeres y los pueblos indígenas en
particular.
Compromisos y
realidades
Esta situación
contrasta con el compromiso asumido por el Estado a través de los Acuerdos de
Paz firme y duradera que, tras una larga negociación, dieron por terminado en
1996 el conflicto armado entre el ejército y la Unidad Revolucionaria Nacional
Guatemalteca. Estos Acuerdos de Paz fijaron una agenda nacional consensuada para
trabajar en la erradicación de las causas de dicho enfrentamiento.
Asimismo, es notorio
el incumplimiento por parte del Estado del compromiso asumido junto a otros
gobiernos para combatir la pobreza y el hambre fijándose metas precisas para
2015, entendiendo la pobreza como todas aquellas condiciones que impiden a las
mujeres y los hombres el pleno goce de sus derechos económicos, sociales,
políticos, culturales y ambientales.
Avanzar hacia la
meta de erradicar la pobreza apunta necesariamente a que, desde el Estado, se
visualicen acciones de corto, mediano y largo plazo orientadas a la protección y
la garantía efectiva de los derechos de la persona humana y produzcan avances
concretos y cambios reales en la vida de la población. Se trata de fortalecer
las capacidades de los ciudadanos para ampliar sus opciones y oportunidades de
alcanzar una vida digna, sin discriminación, pobreza, injusticias e
inseguridades.
En esa línea, la
transparencia en la gestión del Estado debe ser vista como un esfuerzo y una
meta permanentes. Para lograrla no basta con la probidad y la ética del
funcionario público. También es necesario que la ciudadanía ejercite su derecho
a la libertad de expresión y tenga acceso a la información. Sobre esta base será
posible promover la participación social en la gestión pública.
Esta participación
ampliará la esfera pública y motivará la interacción Estado-sociedad civil y
sociedad civil-Estado de modo que ambos compartan los esfuerzos y las
responsabilidades a la hora de mejorar las condiciones y la calidad de vida de
la población a través de prácticas concretas de convivencia social.
Los valores de
libertad, equidad, inclusión, respeto a la diversidad étnica, promoción de la
autonomía de la mujer y de la igualdad de género, constituyen también demandas
impostergables para hacer frente a los problemas que atraviesa la sociedad
guatemalteca en su búsqueda de una mejor calidad de vida como precondición para
alcanzar la paz.
El Banco Mundial ha
declarado que la inversión en el desarrollo de una mujer se ve compensada por
las altas tasas de retorno social a los sistemas económico-sociales. Este
retorno puede medirse en una mayor escolarización de las generaciones
siguientes, la disminución de los índices de mortalidad infantil y la
disminución de las tasas de fecundidad, entre otros indicadores.
Sin una política de
Estado
La población sufre
hoy, al igual que ayer, la fragilidad de su sistema democrático. Cada cuatro
años se renuevan promesas de cambio por parte de las autoridades que llegan al
poder. Pero siguen sin resolverse problemas de fondo como el desempleo, la
inseguridad ciudadana, la inseguridad alimentaria, la corrupción, el incremento
del crimen organizado y el narcotráfico, la poca asistencia de servicios básicos
de educación y salud y las inequidades existentes a nivel político, social y
cultural, que son la base de la discriminación y la exclusión imperantes en el
país.
No reconocer los
esfuerzos de los gobiernos posteriores a la firma de los Acuerdos de Paz es
ignorar el mandato de cambio con que la sociedad los inviste en su tarea
pendiente de promover el desarrollo con equidad e inclusión.
Pero esos esfuerzos no han respondido a una política de Estado, sino que se han
limitado a programas de la fuerza política que eventualmente asume el poder. Es
necesario que el cumplimiento de los Acuerdos de Paz esté basado en un consenso
nacional. La tarea corresponde al Estado, en coordinación con la sociedad civil,
que debe garantizar e impulsar el cumplimiento de los contenidos de estos
tratados y, al mismo tiempo, generar iniciativas y acciones para mejorar las
condiciones y calidad de vida de la población con el fin de avanzar realmente en
la construcción de la paz nacional.
En 2001 se creó la
Secretaría General de Planificación, con el objetivo de formular, evaluar y dar
seguimiento a la política de desarrollo social y población. Esta secretaría tuvo
a su cargo el diseño de la Estrategia de Reducción de la Pobreza (ERP) y de
estrategias específicas a nivel departamental y municipal dentro del marco de
los Consejos de Desarrollo Urbano y Rural. La ERP se sustentó en tres ejes
fundamentales, en torno a los cuales tendrían que haber girado las acciones del
gobierno que permitieran “en forma sostenida en el corto y mediano plazo, elevar
los niveles de bienestar y calidad de vida de todos los guatemaltecos y
guatemaltecas, especialmente los más pobres y más excluidos, y dar cumplimiento
a los Acuerdos de Paz. Estos ejes son: crecimiento económico con equidad,
inversión en capital humano e inversión en capital físico”.
Faltan procesos de
consulta
El diseño de la ERP
coincidió con el proceso de definición de estrategias de reducción de la pobreza
en otros países latinoamericanos adheridos a la Iniciativa de Países Pobres Muy
Endeudados. No obstante, a diferencia de lo ocurrido en otros países, en
Guatemala la iniciativa no fue sometida a un proceso participativo de consulta.
La contribución a la elaboración de la estrategia de actores clave del gobierno
como los ministerios de salud, educación y agricultura y fondos sociales fue
escasa, y tampoco se incluyeron las opiniones, demandas y propuestas de las
organizaciones sociales.
El plan de gobierno
2004-2008 fijó cuatro áreas básicas para desplegar su acción: fortalecimiento
del ingreso familiar a través de la promoción de la inversión y del empleo
productivo, combate a la impunidad, la violencia y la delincuencia, desarrollo
humano, a través de educación, salud y acceso a los servicios básicos, e
inclusión y participación ciudadana.
Desde el gobierno se
reciben señales de buenas intenciones, pero hay una gran falta de claridad y
transparencia en torno a la modalidad de las intervenciones estatales para
paliar el hambre y la pobreza que sufre la población a la que, una vez más, no
se ha tomado en cuenta para la tarea de priorizar y definir las líneas de acción
en respuesta a sus necesidades. “La visión cortoplacista de los gobiernos ha
provocado la discontinuidad de proyectos importantes de mediano y largo plazo
para el país, como los Acuerdos de Paz”.
La participación de
la sociedad civil
Uno de los más
grandes obstáculos en el avance hacia la disminución de la pobreza es la falta
de participación de la sociedad civil en los procesos de decisión acerca de las
políticas públicas.
El Informe de
Desarrollo Humano 2000 del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo afirma que las políticas económicas y sociales equitativas tienen una
relación directa con el mantenimiento de las libertades civiles y políticas y
éstas, a su vez, fomentan el crecimiento social y económico y reducen la pobreza
y la desigualdad en los planos económico y social. El deber de las instituciones
públicas y de los actores en materia de derechos humanos consiste en seguir
políticas que favorezcan a la población pobre y en aplicar procesos que
garanticen el derecho de los pobres a participar en la formulación de esas
políticas.
Estos procesos
tendrán sentido si efectivamente se llevan a la práctica y si la población
percibe de manera concreta una mejoría en su calidad de vida y una ampliación de
sus oportunidades de trabajo, movilidad social y desarrollo.
Para lograr avances
sustantivos en la disminución de la pobreza es necesario que el Estado promueva
un crecimiento basado en el bienestar de los sectores menos favorecidos, el
desarrollo de la familia, la población rural y las comunidades más necesitadas.
Esto supone la meta del crecimiento con desarrollo y equidad, con una política
económica y social de carácter nacional, además de medidas sectoriales y
territoriales que en primer lugar tengan en cuenta las necesidades y las
potencialidades humanas y naturales.
Tabla 1. La realidad
en cifras
|
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2002 |
2003 |
|
Población total (millones) |
11,2 |
11,7 |
|
Desarrollo Humano |
|
|
|
Índice de Desarrollo Humano (IDH) |
0,649 |
0,672 |
|
Urbano |
0,728 |
0,747 |
|
Rural |
0,583 |
0,610 |
|
Indígena |
0,567 |
0,578 |
|
No indígena |
0,698 |
0,724 |
|
Índice de Desarrollo Relativo al Género |
0,634 |
0,655 |
|
Urbano |
0,722 |
0,740 |
|
Rural |
0,557 |
0,575 |
|
Indígena |
0,542 |
0,546 |
|
No indígena |
0,686 |
0,711 |
|
Índice de Potenciación de Género |
0,460 |
0,467 |
|
Educación |
|
|
|
Alfabetización (% de población de 15 años y más) |
69,1 |
69,7 |
|
Hombres urbanos |
87,0 |
86,8 |
|
Mujeres urbanas |
77,7 |
77,6 |
|
Hombres rurales |
64,1 |
64,4 |
|
Mujeres rurales |
48,3 |
49,0 |
|
Empleo |
|
|
|
Población económicamente activa (millones) |
4,9 |
5,0 |
|
Tasa de
participación |
60,7 |
61,4 |
|
Hombres |
80,1 |
79,4 |
|
Mujeres |
42,7 |
44,6 |
|
Acceso a cargos públicos |
|
|
|
Alcaldes
y alcaldesas |
|
|
|
Hombres |
328 |
322 |
|
Mujeres |
3 |
9 |
|
Diputados y diputadas electas |
|
|
|
Hombres |
105 |
144 |
|
Mujeres |
8 |
14 |
Fuente:
Elaboración propia en base a datos del “Compendio Estadístico Desarrollo Humano
y Ruralidad”. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Guatemala,
2004.
Notas:
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