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La necesidad de reintegrar la seguridad social a la agenda política
Valentin Burada
Fundatia pentru Dezvoltarea Societatii Civile
El acceso de Rumania a la Unión Europea (UE) el 1º de enero de 2007 se promovió como garantía de mejores condiciones de vida, pero en lo que concierne a la seguridad social se vislumbran pocas soluciones. Si bien sólo 22% de los rumanos cree que el sistema nacional de bienestar social proporciona una cobertura suficientemente amplia, el interés por la seguridad social fue barrido de la agenda política por asuntos como la corrupción. En este contexto, la sociedad civil debe jugar un rol en defensa de la seguridad social como derecho de todos.
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Luego de largos años de
inseguridad, la membresía en la UE se ha presentado y promocionado como una
garantía de que la vida mejorará para todos los ciudadanos. Sin embargo en lo
que se refiere a la seguridad social, no podrá esperarse que las soluciones
provengan de la UE.
Según un informe reciente del Banco Mundial, la pobreza absoluta disminuyó de
35,9% en 2000 a 13,8% en 2006, ya que el número estimado de personas que vivía
con menos de USD 3 por día cayó a menos de tres millones (en una población
total de aproximadamente 22 millones). Mientras tanto, la pobreza relativa creció
de 17% a 19% (Banco Mundial, 2007).
Sin embargo, sólo 22% de la ciudadanía cree que el sistema nacional de
bienestar social proporciona una cobertura suficiente (Comisión Europea,
2007a). Según la encuesta Eurobarómetro de la primavera boreal de 2007, el
doble de rumanos (17%) se interesa por pensiones que el promedio en otros
estados de la UE, y esta cifra salta a 45% entre rumanos en las áreas urbanas
(Comisión Europea, 2007b). Además, 27% de la población se preocupa por el
sistema de atención de salud (comparado con un promedio de apenas 15% entre los
países miembros más antiguos de la UE).
Si bien estos temas han tenido un perfil muy alto en los últimos años, los
decisores políticos no les han dado prioridad. Es más, en el contexto de las
negociaciones de Rumania para unirse a la UE, se les dio un perfil
deliberadamente bajo: de los temas prioritarios para el acceso a la UE, sólo la
lucha contra la corrupción figuraba en los primeros lugares de la agenda política.
Emigración de mano de obra e informalidad
En enero de 2007 el salario mínimo fue USD 157. En 2005, según datos de
Eurostat, 9,7% de los trabajadores percibieron el salario mínimo. Sin embargo,
este porcentaje no refleja totalmente la realidad, dado que es común que los
empleadores registren a sus empleados con el salario mínimo y ofrezcan formas
suplementarias de pago para evadir el pago de impuestos.
Con una tasa de desempleo de 7,2%, el país está cerca del promedio de la UE de
7,1%. La tasa de desempleo relativamente baja se debe a una emigración masiva a
estados miembros más antiguos de la UE, en especial Italia y España.
Según datos proporcionados por el banco central rumano, los ciudadanos que
trabajaron en el exterior en 2006 enviaron remesas a sus familias por valor de
EUR 5.300 millones (USD 7.000 millones). Tanto empleadores como sindicatos han
manifestado su preocupación por el déficit sin precedentes de trabajadores en
varios sectores económicos importantes, incluyendo la industria textil y de la
construcción. A esto se agrega un gran número de personas trabajando en el
mercado negro (o gris).
Aumento de las pensiones: necesario pero
abrupto
La reforma de la política de pensiones se inició en 2000 como intento de
lidiar con el pronunciado declive en la cobertura que ocurrió durante la última
década. Actualmente, sin embargo, uno de los mayores retos que enfrenta el
sistema público de pensiones es asegurar la sustentabilidad económica a largo
plazo. Programas de pensiones facultativas y fondos gestionados de manera
privada han sido las soluciones potenciales propuestas por el gobierno. Desde
2004 se ha introducido legislación para crear planes alternativos privados de
pensiones. Los sindicatos se han preocupado especialmente por las fallas en la
legislación y han demandado ajustes para asegurar un trato igualitario a
hombres y mujeres en esta área, una distribución justa de los ahorros, menores
costos administrativos y más tiempo para que las personas se informen y
conozcan las reformas. También se calcula que la introducción de las pensiones
privadas causará al sistema público de pensiones un déficit equivalente a
0,8% del PBI (Voinea, 2007).
Entre enero y junio de 2007 el gobierno aprobó una serie de decisiones
incluyendo un aumento en el número de empleados públicos y aumentos en los
salarios del sector público, pensiones militares y beneficios de asistencia
social para familias e hijos. Todos estos compromisos constituyen un 3%
adicional del PBI nacional (Voinea, 2007).
Entre tanto, mientras los políticos se preparan para dos ruedas consecutivas de
elecciones – las europeas en 2007 y las nacionales en 2008 – también se tomó
la decisión de aumentar las pensiones públicas en 100% para 2009. Para llegar
a ese nivel, a partir del 1º de enero de 2008 las pensiones públicas se
aumentarán en 43%. La pensión promedio en 2008 será alrededor de USD 230,
casi 3,6 veces más alta que en 2002 (USD 65). Sin embargo, este monto es todavía
por lo menos tres a cuatros veces menor que las pensiones en otros ‘nuevos’
estados miembros de la UE, como Hungría, Polonia y Eslovaquia. Las subvenciones
para el casi millón de pensionistas del sector agrícola también se duplicarán
a partir de septiembre de 2007.
Muchos argumentan que si bien es necesario, este aumento tan rápido tendrá
efectos negativos a mediano y largo plazo. Tanto los analistas económicos como
los políticos han expresado dudas de que puedan recaudarse los recursos
financieros necesarios para cumplir estos compromisos, estimados en alrededor de
USD 3.000 millones (Bobocea, 2007). Los expertos sostienen que el aumento de las
pensiones públicas debió introducirse gradualmente a partir de 2005, en
contraposición a esta implementación riesgosamente abrupta (Cabat, 2007).
Salud pública plagada de problemas
nuevos y viejos
Durante los últimos 17 años de transición, las estadísticas y la investigación
han revelado un deterioro de la salud de la población, incluyendo una caída en
la expectativa de vida y la reaparición o agravamiento de enfermedades
relacionadas con la pobreza. Rumania tiene la mayor incidencia de tuberculosis
de la UE, y la mortalidad infantil es cuatro veces el promedio de la UE.
En 1990 el sistema médico rumano era exclusivamente público, altamente
centralizado y financiado por el presupuesto del Estado; los servicios ofrecidos
a la población eran oficialmente gratuitos. No obstante, debido a la merma de
los niveles de financiación, la calidad de los servicios sufrió una caída
abrupta, con el personal médico trabajando en edificios ruinosos que carecían
de los equipos necesarios, así como insuficientes medicamentos producidos
localmente y medicamentos importados caros y no disponibles para la mayoría de
la población. El resultado fue que la mayor parte de los costos se
transfirieron, directa o indirectamente, a los beneficiarios, incluso mediante
el pago informal al personal médico (Dobos, 2006). Mientras los centros
universitarios ofrecían hospitales excelentes, la asistencia médica primaria
no cubría la totalidad del país, y especialmente las áreas rurales quedaron
desconectadas de los servicios. El sistema de salud estaba centrado en la atención
hospitalaria, por lo que 70% de un presupuesto ya empobrecido tuvo que
adjudicarse a los hospitales.
En ese contexto los decisores políticos decidieron cambiar a un sistema basado
en el seguro de salud. El marco legislativo comenzó a modificarse en 1996, y el
sistema comenzó a funcionar en 1999 (Dobos, 2003). También fue necesario
reestructurar el conjunto básico de servicios médicos porque el sistema no podía
cubrir todos los costos. El número de camas en los hospitales bajó de 207.000
en 1994 a 142.500 en 2004. Entre tanto, hasta ahora no hubo una mejora
considerable del sistema de salud ambulatorio.
En 2003 se introdujeron los pagos adicionales en algunos servicios, y esta
medida limitó aún más el acceso a la atención médica de la población
pobre. A numerosas categorías de personas vulnerables se les retiró la
obligación de contribuir al sistema de salud pública. Si bien fue un cambio
positivo, redujo aun más el volumen de las contribuciones al sistema (Dobos,
2003). Actualmente, los aportes al fondo de seguro de salud se realizan mediante
6,5% del sueldo bruto de los empleados y 7% pago por los empleadores.
En general, los expertos consideran que el proceso de reforma ha llevado a un
incremento de los costos, confusión entre el personal médico, demoras en la
creación de un marco legislativo que defina las responsabilidades de los
actores dentro del sistema, y un mal funcionamiento en el pago de los fondos. Se
tomaron muchas decisiones sin una evaluación previa de su impacto social.
Aunque el porcentaje de las personas no aseguradas no es muy alto (entre 5% y
10%), el nuevo sistema disminuyó el acceso de la población a los servicios médicos
a través de la existencia de una categoría de personas que solamente puede
beneficiarse de la asistencia de emergencia (Dobos, 2006).
Las familias pobres, especialmente en áreas rurales y de la comunidad gitana,
tienen acceso limitado a los servicios de salud (Bleahu, 2006). No están en
condiciones de pagar los pagos adicionales necesarios para la provisión de
ciertos servicios y la compra de medicamentos, así como el pago extra a médicos
y personal auxiliar. Para 40% de las personas en áreas rurales, el transporte y
sus costos presentan un nuevo obstáculo para acceder a los servicios médicos
(Dobos, 2003).
También hay problemas heredados del viejo sistema que no han sido solucionados
y que limitan el acceso a los servicios de atención de la salud o reducen su
calidad. Esto incluye la falta de asistencia médica primaria en muchas
localidades rurales, la falta de infraestructura y equipos médicos, los
salarios de los trabajadores de la salud y la práctica del pago informal al
personal médico. La crisis del sistema de salud ha alcanzado proporciones tales
que hay momentos en que se vuelve imposible asegurar a los pacientes de los
hospitales ni la internación ni la comida apropiadas. Muchos hospitales no
llegan a los niveles básicos de salud pública y funcionan en condiciones muy
precarias. Por ejemplo, en junio de 2007 sólo en un condado se aplicaron multas
a 22 hospitales por esos incumplimientos (Crisan, 2007).
Los problemas del sistema de salud pública han aumentado en los últimos años
a causa de su incapacidad para proveer de medicamentos gratuitos o
subvencionados a quienes los necesitan. La liberalización del mercado farmacéutico
y el descenso en la producción local han llevado a un aumento excesivo de los
precios de productos farmacéuticos, limitando aún más el acceso de la población
pobre incluso a tratamientos obligatorios y vitales.
Con frecuencia se interrumpe el abastecimiento de medicamentos a los hospitales
debido a conflictos comerciales entre el sistema de salud pública y los grandes
distribuidores de productos médicos. En esta guerra territorial, los afectados
son los pacientes. Para recuperar sus deudas, los abastecedores de medicamentos
han llegado a detener sus operaciones y subir sus precios aún más (David,
2007). A estos problemas se agregan tácticas de mercadeo agresivas que las
compañías farmacéuticas dirigen a los médicos. A cambio de ser patrocinados
para participar en conferencias y seminarios internacionales, los médicos
recetan medicamentos más caros. Las farmacias por lo tanto llegan con más
rapidez al límite de medicamentos subsidiados o gratuitos que se les permite
ofrecer por mes, dejando a los pacientes más pobres sin la posibilidad de
acceder a la medicación necesaria.
En 2004 sólo había 22,2 médicos por cada 10.000 habitantes, o un médico por
cada 450 personas. El sistema educativo médico está subfinanciado y se ha
visto afectado por un descenso en la matrícula de las facultades para permitir
una mayor inscripción en otros departamentos universitarios. Como consecuencia
de esto, año a año disminuye el número de nuevos médicos que ingresan al
sistema. Una encuesta reciente organizada por la asociación de médicos en
Iasi, la segunda ciudad de Rumania, arroja como resultado que más de 50% de los
médicos y 75% de otros trabajadores de la salud han considerado dejar el país
para radicarse en Europa Occidental. Comparado al sueldo inicial de un médico
de Europa Occidental, un médico rumano gana 10 veces menos. A su vez, los países
de Europa Occidental tienen un déficit de médicos y han abierto sus sectores
de salud a médicos de los nuevos países miembros.
Dados los recursos financieros insuficientes en el sector de la salud, una
manera poco ortodoxa de retener al personal médico en el país ha sido la
tolerancia de la corrupción, que es la plaga del sistema de salud pública a
todo nivel. Una encuesta financiada por el Banco Europeo para la Reconstrucción
y el Desarrollo reveló que en lo que va de 2007, 30% de los ciudadanos rumanos
ha realizado pagos informales al personal médico. El sistema de salud del país
está en primer lugar en la lista de pagos ilegales realizados por la población
a instituciones públicas. De acuerdo a un estudio de un proyecto del Banco
Mundial, en 2004 los rumanos pagaron USD 360 millones al personal de la salud pública.
Esto representa 10% del presupuesto total de salud de 2004. Las familias más
pobres pagan cantidades mayores (hasta 78% de sus ingresos mensuales).
Devolver el significado al derecho a la
seguridad social
Durante la
transición de una economía socialista a una de mercado y la preparación para
el acceso a la UE, se perdió por el camino el Artículo 22 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos. Hoy la frase “Toda persona, como miembro
de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social” parece haberse vaciado de
significado para la mayor parte de la población. Aunque la protección social
representa una necesidad crítica para la mayoría de las personas, ya no se la
percibe como un derecho. Se la ha eliminado de la agenda pública, y está
ausente de la agenda política. Es en este contexto que la sociedad civil hace
un llamado a la acción y a la promoción de un debate sobre la seguridad social
como derecho, y por lo tanto una prioridad esencial para la que deberán crearse
políticas públicas al servicio de una sociedad saludable.
REFERENCIAS
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Romania. Junio.
Bleahu, A. (2006). “Mecanisme ale excluziunii de la serviciile de sanatate, cu
accent pe problematica romilor” en Calitatea
Vietii, XVII, No. 1-2.
Bobocea, M. (2007). “Vosganian: Majorarea pensiilor nu inseamna aplicarea CAS
pe toate veniturile” en Ziarul financiar,
4 de julio.
Cabat, D. (2007) “Pensii, Populism, Politica” en Ziarul financiar, 2 de julio.
Comisión Europea (2007a).
“European Social Reality”. Special Eurobarometer 273 / Wave 66.3. TNS
Opinion & Social. Febrero. Disponible en:
<ec.europa.eu/public_opinion/archives/ebs/ebs_273_en.pdf>.
Comisión Europea (2007b). “Eurobarometer
67. Public Opinion in the European Union. Spring 2007”. TNS Opinion
& Social. Junio. Disponible en:
<ec.europa.eu/public_opinion/standard_en.htm>.
Crisan, R. (2007). “22 de spitale
amendate” en Evenimentul Zilei.
21 de junio.
David, I. (2007). “Distribuitorii de
medicamente au imprumutat 500 de milioane de euro in acest an” en Ziarul
financiar, 5 de julio.
Dobos, C. (2003). “Accesul populatiei la serviciile publice de sanatate” en Calitatea
Vietii, XIV, No. 3-4.
Dobos, C. (2006). “Dificultati de acces la serviciile de sanatate publice in
Romania” en Calitatea Vietii, XVII,
No. 1-2.
Eurostat (2007). “Minimum
wages 2007 - variations from 92 to 1570 euro gross per month”. Statistics
in Focus collection, issue 71/2007. Disponible en:
<epp.eurostat.ec.europa.eu/cache/ITY_OFFPUB/KS-SF-07-071/EN/KS-SF-07-071-EN.PDF>
INER (Instituto Nacional de Estadística de Rumania) (2007). Comunicado de
prensa No. 100, abril.
Voinea, L. (2007). “Ce se poate si ce nu se poate” in Ziarul financiar, 6 de julio.
Nota:
Uno de los
components del ICB fue imputado en función de información de países de nivel
similar.
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